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Tutorial de pesca




Un hombre debería aprender a pescar. Y a escribir poemas. Porque uno no puede ir por la vida comiendo cualquier cosa, y diciendo cualquier cosa. En el pueblo pocas habilidades te van a hacer destacar. Algunos prefieren ir al campo a piscar elotes. Otros cuidan y alimentan a los puerquitos. Y otros se van a la playa a pescar. Yo nunca fui bueno pescando pero me enseñaron a prender el carbón, a arrancar un carro sin batería, a hacer la mezcla y a jugar dominó. Me enseñaron que tenía que encontrar una mujer, no muy guapa, no muy coqueta, pero tampoco muy fea. Me enseñaron que ella me iba a dar de comer y me iba a querer mucho aunque oliera a sobaco. Me enseñaron que hay cosas de las que no se hablan. Uno debería aprender a pescar. ¿Qué son las mariposas en la panza?, agruras, mijo, comiste mucho chile. Uno qué va a andar sabiendo que hay mujeres que prefieren los poemas a los hijos, o que no a todos nos gusta comer pescado.


En el pueblo, la playa está a la vuelta pero rara vez uno se queda sentado en la arena viendo cómo se pone el sol en el agua, haciendo un suave “psssssssshhhh”, rara vez uno deja que le escurran las lágrimas en los cachetes, sin pena.


En el pueblo jugábamos a los narcos, a los vaqueros, a los ninjas asesinos y a los marineros. Los marineros pelean y gruñen, escupen y enamoran muchachas en los puertos. Los marineros escriben poemas cuando están aburridos. Un buen hombre nunca se aburre, siempre trabaja, siempre come, siempre coge, siempre bebe y siempre, siempre, siempre, es hombre.


Los muchachos en la escuela roban besos e intercambian historias fantásticas de sus conquistas. Los hombre tenemos que presumir y pararnos derechitos. Y nadie tiene por qué saber lo que duele crecer más lento, más chillón, más miedoso.


Un hombre en el pueblo es sólo eso, un hombre. Y no debería uno andar de arrogante ambicioso, queriendo ser algo que no nació siendo.


La primera vez que me peleé no podía dejar de llorar, llené de sangre mi playera de He- Man. Y cuando llegué a casa de todos modos me iban a dar con el cinturón. Entonces aprendí que un hombre no se raja a los chingazos y si va abrazar a otro hombre hay que asegurarse que sea su hermano o su papá. Uno no puede ir por la vida sintiendo nostalgia y escribiendo rimas en una libretita. A veces las cosas no tienen sentido, pero buscarle tres pies al gato es cosa de mujeres, mijo, amárrese bien los zapatos y deje de soñar despierto. Un hombre sólo puede ser un hombre, con callos en la mano y traumas en el corazón. Con sombrero ancho y la próstata hinchada. Un hombre habla bonito pero bajito, que sólo lo escuche su señora.


Qué es eso de andar comparando estrellas con ojos, montañas con cinturas y balazos con amor. Qué es eso de correr encuerado en la playa, sin caña, sin cebo, sin una cerveza bien fría. Hay que pensar en poesía, pero no le andes contando a todo mundo. Un hombre no tiene amigas y no toma agua porque se oxida. Un hombre sólo necesita saber escribir mas o menos su nombre y ya. Con eso. Eres un hombre y si no me crees pregúntaselo a tu mujer, ¿quién es el hombre de la casa?, el papá de los pollitos.


A un hombre no le duele nada, aunque se le atore una espina en cogote se aguanta y le da un trago a su caguama. A un hombre sólo le duele el alma y no dice nada, y le duele más y más. Hasta que, de la nada, agarra una pluma y escribe un poema.



- Ricardo Santos

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